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A pesar de que la epilepsia es una enfermedad para la que existe tratamiento, hoy día aproximadamente un 30% de los pacientes siguen presentando crisis a pesar de llevar los fármacos adecuados, es lo que se conoce como epilepsia farmacorresistente. En estos casos se valora a los pacientes y se les ofrece  otras terapias, como pueden ser la cirugía  o la dieta cetogénica. A pesar de esto, no todos los pacientes son candidatos a estos tratamientos o a pesar de los mismos siguen teniendo crisis. Es precisamente en la búsqueda por intentar mejorar el control de crisis y la calidad de vida de estas personas donde surgió la idea de este trabajo. La investigadora María Gómez Eguílaz, perteneciente al Sistema Riojano de Salud, ha llevado a cabo una investigación de la que nos hacemos eco en la Federación de Española de Epilepsia. Por ello, porque creemos que se trata de un estudio trascendente, la hemos invitado a participar a la II Feria de Investigación en Epilepsia. Diversos compromisos le hacen imposible participar, pero no obstante insistiremos para conocer su trabajo en próximas ediciones de la Feria de investigación.

A partir del conocimiento preexistente sobre cómo la microbiota (conjunto de microorganismos que habitan nuestro organismo) actúa sobre el sistema nervioso central (SNC), pensamos que si la modificábamos con probióticos podríamos modificar las «señales» enviadas al SNC y por tanto favorecer el control de las crisis.

Pero ¿qué son los probióticos?

Los probióticos son preparados formados por un conjunto de bacterias seleccionadas por sus efectos beneficiosos para la salud. Estos probióticos están compuestos por una cantidad exacta de bacterias y se destinan  para diversos usos. No todos los probióticos son iguales, cada uno de ellos tiene una composición diversa y esto hace que cuando hablemos de probióticos seamos muy cuidadosos en no mezclar ideas y pensar que tomándonos un «lácteo con bacterias» estamos ayudando a controlar la epilepsia.

«No todos los probióticos son iguales, cada uno de ellos tiene una composición diversa y esto hace que cuando hablemos de probióticos seamos muy cuidadosos en no mezclar ideas y pensar que tomándonos un «lácteo con bacterias» estamos ayudando a controlar la epilepsia».

En concreto en nuestro estudio lo que hicimos fue seleccionar a 45 pacientes con epilepsia farmacorresistente y les adminsitramos durante 4 meses 2 sobres al día, de un probiótico compuesto por ocho especies bacterianas: Lactobacillus acidophilus, L. plantarum, L. casei, L. helveticus, L. Brevis B. Lactis DSM32246 , B.  Lactis DSM32247, Streptococcus salivarius subsp. Thermophilus añadiéndole la cadena CD-2. Lo que medimos antes de empezar el estudio y después del estudio es el número de crisis, la calidad de vida de los pacientes, la seguridad de la administración de los probióticos y diversos cambios en la microbiota y en los parámetros inflamatorios.

Conclusiones

A modo resumen decir que en nuestro estudio un 31,1% de los pacientes tuvo una mejoría de sus crisis (es decir, sus crisis se redujeron en más de un 50%) y mejoraron su calidad de vida. La administración de probióticos fue segura.

Este es sólo un pequeño estudio, con sus limitaciones, pero abre una nueva vía de investigación para dilucidar cuál puede ser el papel de la microbiota en la epilepsia. Falta mucho por descubrir y averiguar;  pero se abre una nueva puerta de esperanza a estos enfermos, que veremos si nos puede conducir a mejorar algo sus vidas.

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